Parte 3/20
Autor: Dr. Antonio Gúzman Nacoud

 Financiamiento de la salud en países con economías desarrolladas

(cont… 2/20) La experiencia de los países desarrollados respecto al financiamiento de la salud está ligada a una historia de reformas en sus sistemas de salud, lo que ha permitido formar los capitales necesarios para la integración de un alto porcentaje de la población dentro de los seguros sociales o nacionales de salud. La mayor parte de los países desarrollados (con excepción de Estados Unidos) cuentan o están cerca de contar con un esquema de cobertura universal. Al contar con un esquema de cobertura universal, los países desarrollados centran sus esfuerzos en lograr una mayor eficiencia a través de acuerdos que permitan el mejoramiento de la distribución del riesgo y la captación de los fondos.

Algunos resultados obtenidos en los países desarrollados provienen de experiencias como:

  • El crecimiento económico es el factor más importante para lograr una cobertura universal
  • El mejoramiento de la capacidad administrativa es crítica para expandir la cobertura, de igual manera el compromiso político
  • Una mejor acumulación de fondos para hacer frente a las responsabilidades debe considerarse a la par del objetivo de lograr una cobertura universal en el caso de economías en desarrollo
  • Esquemas de financiamiento voluntario o esquemas basados en impuestos pueden funcionar como prueba para expandir el uso de esquemas de prepago en las coberturas de salud
  • Establecer mecanismos que permitan la integración de los diferentes esquemas de aseguramiento en un solo esquema que logre una mejor integración de los fondos financieros y a su vez una mejor distribución de los recursos

La contribución de los gobiernos para lograr una mayor acumulación de recursos en beneficio de los esquemas de salud ha servido de impulso para propiciar que las economías desarrolladas cuenten con esquemas de salud de mayor calidad y con una cobertura de derechohabientes mayor. En comparación, los países desarrollados gastan aproximadamente US$3,000 per cápita en servicios de salud anualmente, mientras que en los países en vía de desarrollo se gasta aproximadamente 10 veces menos (US$309).

El problema de la asignación de los recursos públicos en los esquemas de salud está ligado con los problemas financieros que tienen los diferentes países. Países como Argentina, Chile y México, donde el gasto público en salud como porcentaje del total del gasto del gobierno es menor al 15 por ciento, están en busca de incrementar la base de contribuyentes al incorporar a los trabajadores de la economía informal y con ello incrementar la proporción del gasto en salud fondeada por ingresos públicos.

 

Como se observa en la gráfica anterior los países desarrollados (con excepción de Estados Unidos) tienen un porcentaje superior al 50 por ciento del total del gasto en salud financiado con recursos públicos. El financiamiento de los esquemas de salud para los países desarrollados se observa primordialmente como una aportación pública en comparación con el financiamiento de los esquemas de salud que hacen los países en desarrollo, donde la mayor proporción del gasto en salud proviene de los gastos de bolsillo seguidos de esquemas de seguridad social.

La contribución del gasto público en salud no necesariamente refleja el total de gasto per cápita destinado a servicios de salud. Por ejemplo, Estados Unidos no tiene un significativo gasto público en salud respecto al total de gasto en salud, sin embargo su gasto per cápita en salud es el más alto comparado con el resto de países miembros de la OCDE. Caso contrario ocurre con México, ya que no tiene un significativo gasto público en salud respecto al total de gasto en salud y de igual manera su gasto en salud per cápita es de los más bajo en comparación con el resto de los países de la organización (ver gráfica 3).

 

En la gráfica siguiente se ilustra el modelo de financiamiento para algunos países miembros de la OCDE.

 

Conclusiones

La experiencia obtenida en el financiamiento de la salud de los países desarrollados se resume en recomendaciones que pueden ser implementadas en países en vías de desarrollo, algunas de las mejoras que han producido un avance en los esquemas de salud se listan a continuación:

  • Definir y articular el modelo de financiamiento de la salud a utilizar. En México, a diferencia de E.U.A., el Estado tiene la obligación de proveer servicios de salud, por lo que un reto importante en nuestro país es el de asegurar la cobertura.
  • Administrar de una manera eficiente y equitativa los ingresos con objeto de crear los fondos necesarios para la continuación de los esquemas de salud, asegurando su sustentabilidad en el largo plazo para poder atender las enfermedades crónico degenerativas resultado de la transición en salud.
  • Promover una mejor distribución del riesgo, asegurando la mancomunación del mismo, la protección financiera de los recursos, la asignación y eficiencia técnica en la administración de los fondos. Un paso importante en este sentido es reducir al menos 40 por ciento de la carga por gastos de bolsillo, lo que debe ejecutarse simultáneamente al integrar a los trabajadores informales a través de políticas e incentivos. Se estima que más del 50 por ciento de los gastos en salud de países como Kazajistán y Egipto corresponde a gastos de bolsillo y un caso similar ocurre en América Latina donde este porcentaje se acerca al 40 por ciento del total de gasto en salud.
  • Proveer la máxima protección financiera posible y lograr una cobertura universal para consolidar una mejor distribución de los riesgos. Esto disminuye la ineficiencia de los esquemas de salud al poder aglutinar en un fondo común los recursos disponibles logrando un mayor poder de compra. Por ejemplo, Egipto cuenta con 29 agencias públicas encargadas de la administración de la salud lo que secciona los fondos disponibles para su atención. Casos similares se presentan en América Latina y el resto de los países en vías de desarrollo.
  • Enfocar los esfuerzos en diseñar paquetes de beneficios para proteger a la población. La estandarización de los paquetes de beneficio debe ir encaminado a lograr un balance entre las coberturas, lo que se refleja en la protección financiera, los costos y los gastos en la atención